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Par Pablo Rodríguez Soengas
Mar 28th, 2018

Todos los días, más de 1.000 millones de niños y niñas acuden a la escuela. Sin embargo, muchos de ellos/as no lograrán completar la educación básica. Esto se debe  a numerosos problemas, muchos de los cuales están relacionados con situaciones de pobreza, de emergencia o conflicto, con inequidades de género, con la degradación crónica del medio ambiente y con los peligros relacionados con el cambio climático.

En este post queremos detenernos sobre este último aspecto: ¿cómo afectan el cambio climático, los desastres naturales, y los conflictos relacionados con los recursos naturales al derecho a la educación?

En el ámbito educativo no se puede desconectar la calidad educativa del contexto donde acontece. Por tanto, el entorno es una variable fundamental del derecho a la educación.

Un medioambiente adecuado, en el que niños, niñas y jóvenes tengan una nutrición adecuada, agua y saneamiento, unas condiciones de bienestar general y puedan ejercer sus derechos, influye de manera positiva en el acceso y permanencia en la escuela, y en un aprendizaje adecuado.

Por el contrario, las emergencias, los desastres naturales y el deterioro medioambiental obstaculizan o impiden el derecho a la educación, sobre todo para las personas pertenecientes a colectivos más vulnerables. Actualmente según UNESCO más de 75 millones de niñas, niños y jóvenes en todo el planeta han visto cómo su educación ha quedado interrumpida o destruida por situaciones de emergencia y crisis prolongadas, muchas de las cuales agravadas por problemas climáticos.

Los desastres naturales y el cambio climático afectan muy especialmente a los medios de vida de las comunidades pobres (acceso a agua, a la tierra, vivienda, etc.), incluyendo el deterioro y destrucción de infraestructuras de salud y educación. La pérdida de los medios de vida de las familias suele repercutir negativamente en el tiempo que los niños y niñas emplean en la escuela y en los estudios, y por tanto disminuye sus posibilidades de recibir una educación a tiempo completo y de culminar sus estudios.

En este sentido hay que mencionar que el mundo hay 160 millones de niños y niñas que viven en áreas de sequías severas o muy severas, y hay 530 millones de niños y niñas que viven en zonas de alto riesgo de inundaciones, lo que en muchas ocasiones les obliga a desplazarse.

Las causas por las que hoy en día las personas abandonan sus hogares no tienen que ver sólo con la violencia, la persecución política o religiosa, o conflictos armados. Las causas relacionadas con catástrofes naturales y causas derivadas del cambio climático están cobrando cada vez más importancia, dando lugar al concepto de “refugiado (y desplazado) medioambiental”.

A principios de siglo había 25 millones de refugiados medioambientales. Se calcula que en los próximos 50 años esa cifra se moverá entre 250 millones y 1.000 millones de personas, que se verán obligadas a abandonar sus hogares movidos por  la escasez de alimentos, las sequías, las inundaciones, por epidemias, pandemias, las catástrofes naturales o el deterioro ambiental. Se calcula que en 2050, el cambio climático habrá sido la causa del desplazamiento de una persona por cada 45 en el mundo.

Si los efectos de los desastres naturales y del cambio climático afectan más directamente a la permanencia y continuidad de los niños y niñas en la escuela, el desplazamiento y la migración (refugiados y desplazados medioambientales) afecta más negativamente al acceso a la educación, constituyendo una barrera para la escolarización de estos colectivos vulnerables. Así por ejemplo, las niñas y niños refugiados tienen cinco veces más probabilidades de quedarse sin escolarizar que los no refugiados.

Según el ACNUR, sólo la mitad de la infancia refugiada o en situación de desplazamiento interno va a la escuela primaria, y sólo un 25% asiste al primer ciclo de educación secundaria. Esta situación se está agravando por la persistencia de crisis migratorias y situaciones de emergencia. Actualmente, la media de años que una persona refugiada o desplazada pasa en esa situación es de diecisiete años. Muchos niños, niñas y jóvenes pasarán su infancia en campos de refugiados o en asentamientos improvisados. En este contexto resulta esencial asegurar su derecho a la educación, en la medida en que es la única forma de garantizarles un presente y un futuro dignos y evitar la pérdida de generaciones enteras.

Otra de las causas que fuerzan a miles de personas a abandonar sus hogares son las dinámicas de violencia y los conflictos relacionados con la extracción de recursos naturales. La fuerte presión sobre los recursos minerales, fósiles, pesqueros, forestales,  agrícolas o hídricos y la lucha por su control, generan, además de degradación ambiental, tensión, conflictos, violencia y desplazamientos forzosos.

Las personas y comunidades que habitan zonas explotadas ven vulnerados muchos de sus derechos, entre ellos el derecho  a la educación. Dos tercios de los niños y niñas sin escolarizar viven en países ricos en recursos naturales cuyos presupuestos en educación son inferiores al 3% y,  en la última década,  el 87% de las personas desplazadas en el mundo procedían de zonas de explotación minera y petrolera.

La dimensión de estos conflictos es cada vez mayor, y sus impactos sobre la educación de millones de niños y niñas en el mundo son muy graves. En algunos casos son más visibles, como cuando los grupos armados atacan a una escuela o asesinan a estudiantes y docentes; y en otros casos menos, como cuando se producen desplazamientos forzosos o impactos destructivos sobre el medio ambiente.

En resumen, las consecuencias del deterioro del medio ambiente, del cambio climático y de los conflictos relacionados la explotación de recursos naturales, representan una seria amenaza sobre el acceso y permanencia en la escuela de millones de niños y niñas, y sobre su capacidad  de aprendizaje.

Garantizar el derecho a la educación de calidad de estos colectivos vulnerables pasa  por abordar de forma conjunta la lucha contra la pobreza, la desigualdad y el deterioro medioambiental, ya que solo desde un enfoque sistémico se puede lograr el desarrollo sostenible y la justicia social, tal y como recoge la Agenda 2030 para el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

 

Fuentes:
UNESCO (2014). El desarrollo sostenible comienza por la educación.
Entreculturas (2016). La tierra es nuestra mejor escuela. 2016
Entreculturas (2017). Educación en tierra de conflicto. Claves para la paz y el desarrollo sostenible.