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Llevamos varios meses después de la primera encíclica social – ecológica que desarrolla de forma integral los puntos más cruciales que vivimos en nuestra casa común. Debería ser compromiso, de cada uno de nosotros, leer, escuchar, ver y sentir para reflexionar, orar, discernir y comprender los puntos que nos plantea este nuevo horizonte de fe desde nuestro propio contexto.

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Foto: Colaboradores en la misión educativa del Colegio San Bartolomé La Merced.

Nosotros como Colegio podemos caminar hacia un examen de conciencia que nos haga pensar y recapacitar acerca de la forma como estamos viviendo. Si somos una familia – la familia bartolina – debemos tener claridad absoluta para ordenar aquello que más desordenado está. Somos llamados a ponerle corazón y coherencia a todo aquello que afecta nuestra vida en el Colegio.

Antes pensábamos que nuestro compromiso ecológico era cuestión de poner unos papeles en una caneca que posteriormente se arrojaba en un solo recipiente. Tristemente, esta realidad aún persiste, pero la podemos cambiar. El camino es sencillo: consiste en tomar en serio nuestra responsabilidad con la creación. En la ecología integral propuesta por el Papa Francisco, el compromiso puede ir en muchas direcciones, porque lo ecológico no solamente se resuelve con la clasificación de los residuos orgánicos e inorgánicos; hay que entender que lo integral e integrador, implica una responsabilidad ecobartolina.

Tres miradas para comprender lo que está sucediendo en nuestra casa común:

El Papa Francisco, en la encíclica: “Alabado Seas,” nos mueve a comprender el doloroso estado de nuestra casa: el mundo que todos habitamos. Se trata, según el Papa, de “atrevernos a convertir en sufrimiento personal lo que le pasa al mundo, y así reconocer cuál es la contribución que cada uno puede aportar” (19).

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En una primera mirada a nuestro entorno, rápidamente nos daremos cuenta que funcionamos de manera contraria a lo que expone el Santo Padre en su encíclica: en las mañanas, nuestro pequeño mundo, nuestro hábitat más cercano está limpio, arreglado, compuesto, ya sea con un sol radiante o un frío helado que nos abre sus brazos para recibirnos y dar inicio a nuestra vida escolar. Sin embargo, muy poco tiempo después de las actividades académicas, culturales, de alcaldías, fiestas, descansos, CPS, banquitas o rutas, entre otras, esa misma casa, nuestra “casa común” se convierte en algo riesgoso para la vida, ha quedado sucia, descuidada, desatendida; por eso el Papa nos advierte de ese comportamiento, cuando dice: “la tierra, nuestra casa, parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de porquería” (21). Basuras, comida, papeles, latas, plásticos, uniformes, libros, pilas, son algunos de los “regalos” que dejamos en “agradecimiento” por el hermoso día que Dios nos ha regalado para vivir y para disfrutar. Viene entonces la pregunta: ¿dónde está nuestra obligación y nuestro compromiso por un mundo mejor en un ambiente de paz, de armonía y de sana convivencia con nuestro medio ambiente, con nuestro entorno, con nuestra casa común?

En una segunda mirada, otro elemento de cuidado, es el agua, un bien preciado que debemos conservar. En nuestro colegio hay muchas formas de desperdiciar el agua. El cuestionamiento en la línea de la Encíclica, no es qué tanto tenemos, o no, de agua, sino la forma como estamos utilizando ese precioso líquido que es vida y es salud. El Papa lo refiere de la siguiente manera: “el problema del agua es en parte una cuestión educativa y cultural, porque no hay conciencia de la gravedad de estas conductas en un contexto de gran iniquidad”(30). Para el caso, es válida la siguiente información: en nuestra casa tenemos dos grandes fuentes de agua; un tanque que está ubicado en el alto de San José, y que reciben el agua de una fuente natural controlada, y otro tanque que recibe el agua del acueducto de Bogotá; somos bendecidos en medio de la abundancia y la escasez.

Finalmente una tercera mirada esta centrada en el ser humano espiritual. El conocimiento de nuestra casa común requiere de una capacidad de transcendencia para poder ir mas allá de nuestro entorno inmediato. Hay bloqueos que han roto el mundo y lo han dejado herido, sin asombro ante la vida que se revela segundo a segundo. La crisis ecológica es por lo tanto una crisis espiritual, un bloqueo que muestra la profundidad del problema. Necesitamos reactivar nuestra experiencia mental y emocional desde una dimensión espiritual fundamental para lograr una mayor consciencia y compromiso frente a los desafíos que tenemos como comunidad educativa.

Por todo lo anterior y en servicio de lo que nuestro querido Papa Francisco nos invita a hacer, invito a toda la comunidad bartolina a que pongamos todo lo que somos y tenemos para emprender un nuevo estilo de vida. Seguramente la crisis ambiental, social y espiritual que vivimos, nos lleve a encontrar nuevas formar de vivir en nuestra casa común. Todos tenemos la creatividad y el espíritu como dice el Papa, el “armar lio” para reconciliarnos con Dios desde una espiritualidad consciente con mi misión como ser humano, reconciliándonos con los demás para buscar una paz creíble, no disfrazada, y una reconciliación con la creación que grita y reclama su propia dignidad sin dejar de ofrecernos vida, y vida en abundancia.

Iniciativas que pueden movilizarnos a proponer nuevos caminos y recuperar aquellos que hemos perdido:

Movimiento Católico Mundial por el Clima. Te puedes unir a la firma por una acción más impactante sobre el cambio climático:

http://catholicclimatemovement.global/es/aliados/

ECOJESUIT: Los jesuitas y todos aquellos que comparten su Misión están llamados a trabajar y comprender mejor la difícil tarea de la reconciliación y la preocupación ecológica (CG35 Decreto 3). El Centro Social Europeo de los Jesuitas (JESC) junto a la Conferencia Asia-Pacífico de la Compañía de Jesús (JCAP) han puesto en marcha Ecojesuit, una revista digital editada en español e inglés, abierta a todos aquellos que comparten su visión y acción.

http://www.ecojesuit.com/?lang=es

“En cuanto al cambio climático, hay un imperativo ético claro, definitivo e ineludible para actuar.” – Papa Francisco.

Hermano Nelson Otaya, S.J.
Director de Pastoral
Colegio San Bartolomé La Merced