Students Imagining “The World that Christ Desires” A Global Reflective Project!
Por Laura Ceraldi
May 12th, 2021

Nuestra escuela Jesuïtes Gràcia en Barcelona lleva años trabajando por la sostenibilidad y el cuidado de la casa común. Aquí hay un artículo sobre un proyecto nuestro que recien salió en la revista “Graó”. Aquí hay una versión PDF del artículo. 

El mejor residuo es el que no se produce

Somos parte del problema, pero también somos parte de la solución. Debemos replantear-nos nuestro modelo económico y nuestro estilo de vida, basado en el creciente consumo de energía procedente de los combustibles fósiles. Tenemos la oportunidad de actuar y también la capacidad de hacerlo, cambiando la manera de vivir. Aún estamos a tiempo.

Todas las iniciativas destinadas a reducir residuos contribuyen a hacer frente al cambio climático.

De qué hablamos

Además de las emisiones que derivan de la fabricación y el transporte de los productos, tenemos que ser conscientes de que la mayoría acaban su vida como residuo, y su tratamiento genera más emisiones. En Barcelona, por ejemplo, más del 10 % de las emisiones con efecto invernadero son debidas al trata-miento de los residuos.

Por lo tanto, si queremos menos emisiones, tenemos que producir menos residuos. Prevenir los residuos y aprovecharlos al máximo es clave. De las famosas tres R, reducir, reutilizar y reciclar, la más importante es la primera. Y para hacer que sea posible, conviene que añadamos unas cuantas más: repensar, rehusar, reparar, restaurar, rehacer, recuperar…

Los residuos plásticos son especial-mente problemáticos. Se producen muchos y se reciclan muy pocos (10 %) y su difusión en forma de microplásticos genera impactos muy importantes en la salud de todos los seres vivos, incluidas las personas.

Lograr el hito de residuo cero exige unos cambios en la manera de pro-ducir que hagan posible el reutilizar y el reciclar. Todo tendría que diseñarse para poder repararse y reciclarse fácilmente: es lo que entendemos por economía circular. Solos no podemos cambiar el fun-cionamiento de la economía global, pero sí podemos tener una visión crítica y tomar decisiones responsables, tan sencillas como elegir alimentos frescos no envasados o desterrar defi nitivamente los objetos pensados para usar y tirar.

Minimizar residuos también tiene que ver con nuestros hábitos: cómo coci-namos, cómo y dónde comemos, qué uso hacemos de nuestras cosas…, y, finalmente, cómo nos deshacemos de los restos que acabamos generando.

¿Qué puedo hacer en casa?

Elegir con criterio lo que se compra. Tengamos presente que cada opción que hagamos es importante:

  • Rehusar los objetos desechables.
  • Preferir los productos a granel.
  • Rehusar bandejas y bolsas de plástico y evitar los productos sobreenvasados.
  • Elegir productos hechos para durar.
  • Elegir productos reciclados y reciclables.

Prevenir residuos de manera proactiva:

  • Ir a comprar con carro o cesta.
  • Llevar nuestras propias fi ambreras o bolsas de tela para poner en ellas la compra.
  • Rellenar la cantimplora en lugar de comprar botellas de plástico.
  • Utilizar fiambrera y cubiertos duraderos para comer fuera de casa.
  • Usar paños de cocina y servilletas de tela.

Aprovechar al máximo los recursos:

  • Evitar el derroche alimentario.
  • Compostar los restos orgánicos.
  • Hacer un buen mantenimiento de nuestras cosas. Aprendamos a coser y a reparar las cosas de uso cotidiano.
  • Intercambiar libros y juguetes.

Gestionar adecuadamente el final de la vida de los objetos:

  • Regalar o vender en mercados de segunda mano aquello que ya no utilizamos.
  • Separar y recuperar para el reciclaje lo que ya no sirva.

Explicarlo a todo el mundo.

¿Qué puede hacer el centro educativo?

  • ¿Tenemos incorporado el objetivo de prevenir residuos en la práctica y en los contenidos curriculares?
  • ¿Utilizamos material reciclado en manualidades y juegos?
  • ¿Fomentamos el uso de fi ambreras o portabocadillos?
  • En el comedor, ¿usamos servilletas de tela, vajilla y jarras duraderas?
  • ¿Compostamos los restos de cocina?
  • ¿Trabajamos en la prevención del derroche alimentario?
  • ¿Tenemos sistemas para compartir o intercambiar libros de texto, de lectura, diccionarios…?
  • ¿Organizamos mercados de intercambio o de segunda mano de ropa, material escolar, deportivo, instrumentos musicales…?
  • ¿Tenemos contenedores específicos para cada tipo de residuo para hacer la recogida selectiva y hacemos un uso adecuado?
  • ¿Fomentamos el uso de los puntos limpios para los residuos especiales?
  • ¿Tenemos un buen sistema de gestión de residuos?

AUTORAS: Teresa Franquesa Codinach y Marta Vilar Recasens Programa Escoles+Sostenibles de Barcelona [email protected] y [email protected]

 

YA ESTÁN TRABAJANDO EN ELLO… JESUÏTES GRÀCIA DE BARCELONA

Hace unos años, en Jesuïtes Gràcia se planteó la problemática del aceite de cocina usado y el desconocimiento social de la forma correcta de reciclarlo. Se creó un proyecto transversal para que dos cursos trabajaran conjuntamente con un objetivo común: reducir el vertido de un residuo muy tóxico para la flora y fauna marinas. En una primera fase, los alumnos y las alumnas del grado 3 de primaria analizan la problemática medioambiental que supone tirar el aceite de cocina por las tuberías de casa, cuyo destino final será el mar. El paso siguiente es buscar soluciones y se trabaja la forma correcta de reciclar en el punto verde del barrio. Se envía una encuesta donde preguntan a las familias qué hacen con el aceite usado y, después, lo explican en clase. A partir de aquí, se intenta crear un buen hábito repartiendo olipots , como motivación, entre el alumnado que quiere empezar a reciclar.

 

También se estudia en qué se transformará el aceite; en esta etapa, entran en acción los estudiantes de bachillerato, que, me-diante una carta, piden a los alumnos y las alumnas de primaria que traigan a la escuela ese aceite utilizado. Así, grado 3 de primaria recoge aceite de cocina durante un mes y lo lleva al centro. El alumnado de bachillerato lo lleva al laboratorio y, mediante la reacción química de la saponificación, lo transforma en jabón. El jabón se deja reposar cuarenta días, se envuelve y se reparte en las clases de primaria, donde los mayores explican con fotos y vídeos el camino del aceite, desde que se entregó hasta el producto final.