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Por ALFONSO CHAVES ALVARADO
Jun 24th, 2019

Son miles los que cada año deciden embarcarse en una aventura (muchas veces sin retorno), en un suicidio o un sueño, según quien lo mire; el caso es que la regulación de entrada de extranjeros no es la más adecuada y miles de personas sin nada más que lo puesto, llegan a nuestras costas en condiciones infrahumanas y si la aventura quiere que lleguen, no les dará ni tan siquiera una sola oportunidad, siendo repatriados a las pocas horas de pisar tierra firme.

No tienen nada. Abandonan su hogar, sus pocas pertenencias, su pasado, su historia. Todo lo que buscan es libertad, dignidad, derechos… Unos derechos que posiblemente ni tan siquiera conozcan. Buscan algo, una patria que les dé lo que no encontraron en su propia tierra, un espacio en donde puedan vivir en paz. No tienen grandes pretensiones, cuando ven la patera en la que deben subir camino de un paraíso imaginario pierden parte de la ilusión que les llevó a arriesgarse en un primer momento, y no es para menos.

“Es una auténtica locura”, pero no cuentan con nada más. A sus espaldas un pasado lleno de dolor y miseria, y frente a ellos una costa inmensa plagadas de sueños por cumplir. ¿Qué más da que durante días no hayan podido ni tan siquiera probar un bocado? achican agua del bote con rabia, pensando que están cerca de su destino, pero el camino es eterno, plagado de silencio y oscuridad.

El inmigrante no nace; se hace. Y lo hace precisamente un sistema económico desigual. Casi todos los inmigrantes lo son a su pesar; lo crea la desigualdad. Hay otro problema más, del que apenas se habla, al abandonar miles de jóvenes sus naciones de origen, dejan una población de ancianos y de niños que no pueden trabajar para mejorar su futuro. Los países del Sur se empobrecen aun más y serán todavía más dependientes del Norte, generando así una especie de apartheid mundial entre el centro y la periferia. Si a esto añadimos en algunos países africanos – sobre todo subsaharianos – la escalada mortífera del SIDA, el panorama es bastante sombrío.

Ahora toca actuar, no quedarse parados, poner más en las obras que en las palabras…ese es uno de los objetivos marcados por el grupo de educadores Fundación SAFA-LOYOLA, que durante un fin de semana han experimentado gracias al proyecto FRONTERA SUR, dentro de el área de dimensión social (PASTORAL) sensaciones, emociones, huellas, miradas, olores…que tocan la realidad de la inmigración en Ceuta. Toca remover las entrañas, trasladar lo vivido a nuestra comunidad educativa, siempre desde el sosiego y tomando tiempo para llegar y calar a todos y bien.

Desde aquí agradecer al Equipo Base (Elma, José Luis, Cecilia y Lola) por vuestra disposición y entrega a organizarlo y acompañarnos en esta vivencia, a la Asociación ELIM., un lugar de paso, un regalo del Señor para todos aquellos que necesitan descansar, resguardarse, recuperarse…encontrar el camino y seguir con la esperanza de llegar a la tierra prometida, a la Casa Diocesana de Ceuta por su acogida, a la Fundación SAFA-LOYOLA, por dar sentido a la Dimensión Social, dentro de la Pastoral… y como no, a un CRISTO VIVO que se ha hecho presente en cada uno de los momentos de encuentros vividos juntos.