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Por Sônia M. V. Magalhães
Nov 15th, 2017

A finales del año 2014, los 14 colegios jesuitas de Brasil se han constituido como red nacional. Estos colegios están en ciudades con características particulares, y tienen también una historia propia de desarrollo.

El primer desafío enfrentado por los colegios fue, sin duda, entenderse como Red, antes que nada entender qué es ser una red de colegios. Todos sabían ser colegio, algunos con más de un siglo de existencia, otros tantos con más de cincuenta y sesenta años.
Colegio Sao Luis BRasil

Cuando se tomó la decisión de organizar los colegios a nivel nacional, cada unidad, con su historia y desde su contexto, se vio desafiada a encontrar un lugar común de diálogo donde todas se reconocieran a partir de una misma identidad. Por lo substantivo nos identificábamos con más facilidad – éramos colegios -, pero lo mismo no pasaba cuando se trataba de aquello que nos adjetivaba – católico y jesuita -. En este último, faltaba bastante para eliminar la polisemia y generar una gramática común entre todos los miembros de la recién criada Red de Colegios Jesuitas de Brasil – RJE BRA.

Mucho se ha trabajado para llegar a un documento que nos diera un horizonte común y que, a la vez, nos ayudara a entender qué y cómo ser un colegio de la Compañía de Jesús, en cualquier parte del país. Al final del año 2016, publicamos el Proyecto Educativo Común – PEC -, elaborado con la participación de más de 2.000 educadores de todas las unidades.

El primer desafío ya tenía un paso dado: teníamos un horizonte y una gramática común. No obstante, eso no nos constituye como red, nos falta aprender a ser red. Para ello, creemos que el según desafío es un facilitador para que lleguemos a tener una marca distintiva en nuestro modo de ser colegio.

Superar la inercia para ajustar el trabajo de los colegios al horizonte de innovación que está en el PEC, este parece ser nuestro segundo desafío. Superar el miedo, tener el ánimo y el valor de renovar nuestro trabajo sin dejarnos condicionar por el “éxito” de los colegios, muchas veces medido solamente por el índice de estudiantes que ingresan a las universidades. Hay que reconocer lo bueno que hemos hecho – y por lo cual a lo mejor hemos sido reconocidos en las últimas décadas – pero también tenemos que ser capaces de asumir la necesidad de nuevas respuestas a los desafíos que la sociedad nos presenta hoy.

Derivados del segundo desafío, pero también condiciones de posibilidad para superarlo, están otros dos: la formación de los educadores y la eficacia en la gestión escolar. Lo primero exige migrar del modelo de formación para la práctica, al paradigma de formación sobre la práctica: más reflexión sobre la labor docente, guiada por el horizonte que ya tenemos, iluminada por las teorías de la educación y ciencias afines y confrontadas con lo que nos proponemos como innovación.Colegio Sao Luis Brasil

La eficacia de la gestión tiene dos aspectos, por lo menos: voluntad política y liderazgo. La voluntad política es algo de fundamental importancia. El proceso de toma de decisiones y las decisiones mismas que afectan a los colegios señalan, en mayor o menor medida, qué tanto se quiere, de hecho, avanzar en la innovación de los colegios. Lo mismo es válido para la capacidad de asumir las consecuencias de las decisiones tomadas.

El estilo de liderazgo es crucial para que la innovación se lleve a cabo y se sostenga a mediano y largo plazo. Como todos sabemos, darle inicio a un proceso de innovación es la parte más fácil; el desafío es mantenerla e institucionalizarla. Cuanto más distribuido el liderazgo, mayores son las posibilidades de que se mantengan y avancen las iniciativas y proyectos de innovación, especialmente cuando quienes las patrocinaron inicialmente ya no estén. En la misma proporción, cuanto más distribuido el liderazgo, mayor la adhesión al proyecto.