By P. Pablo González SJ
May 23rd, 2018

Cuando se tiene la experiencia de trabajar en algún Colegio de la Compañía de Jesús, es necesario cambiar la mirada para aproximarse a un estilo de formación distinta. Cuando se tiene la experiencia de vivir en un colegio de la compañía de Jesús, es necesario hacer una opción de vida que significa entregar una vida y ser consciente de la vocación regalada. Cuando se mezclan estas dos cosas en un mismo sujeto, es razón de que nuestro buen Dios invita a dar la vida en los lugares que haga falta, pero a la vez, darse por entero en una misión que no solo supone a jesuitas, sino a personas que quieren ser parte de un proyecto que es mayor al propio proyecto.

Hace 14 años ingresé a la Compañía de Jesús con poca claridad sobre el cuerpo religioso al cual estaba entrando. Se me viene a la mente una canción de U2; “I Still Haven’t found what I’m looking for”, que pongo en este momento en mi reproductor de música y recuerdo aquel tiempo en donde, las preguntas fundamentales de mi vida y compromisos futuros se vieron tocadas por el misterio de entregar la vida al vértigo de una consagración de la cual, no tenía claro el futuro, pero que sí, sabía y sentía en mi corazón, que en ese momento debía estar ahí. Tenía mucha necesidad de “buscar algo”… de encontrar algo que le diera seguridad a mi vida, pero en lo cotidiano de lo que hacía, no respondía a la incertidumbre. “Busco algo que aún no encuentro”… desde ahí se puso en mi camino un jesuita que fue dando claridades a mi vida en donde, reflejada con mis grandes deseos, veía posible que se hicieran vida. Me habló de san Ignacio de Loyola y el modo que tenía con sus compañeros… las grandes búsquedas y deseos de consagrar la vida, expandir las fronteras y partir donde otros no llegan y donde haga falta… me cautivó… me aproximó a esa búsqueda en la cual me veía inmerso.

Pasó el tiempo y conocí los ejercicios espirituales, con ellos pensé que se respondería a mis búsquedas, y fue en la contemplación junto al rey temporal (que en ese momento, el referente fue Teresa de Calcuta) en donde me di cuenta que la vida se me regalaba para gastarla con otros. En las experiencias formativas que me ha regalado la compañía de Jesús encontré el real significado de la entrega. Salir de nosotros mismos para compartir la vida con otros.

Con el pasar de los años, la formación académica me ha llevado a buscarle en el pensamiento y capacidad de comprender en el desarrollo histórico, los grandes temas de la filosofía y la teología… pensando que en ello encontraría respuestas a mis búsquedas, me di cuenta que crecieron aún más, pero con la convicción clara que la experiencia de Dios, en mi vida y en la de otros, es un misterio. Comprender racionalmente el misterio o querer responder con parámetros humanos, me encierra aún más en las encrucijadas de la vida.

Compartir la vida con gente sencilla, con pueblos originarios y en comunidades alejadas de la cotidianeidad de la ciudad, me ayudó a comprender el respeto y el cuidado de la casa común, el trato sencillo y gratuito, la búsqueda del buen vivir según lo necesario que tenemos en nuestro entorno natural. Todo esto custodiado de un Dios que acompaña la vida y a cada uno desde su contexto y misión en este mundo.

Los jesuitas recibimos el trabajo como un envío. Envío que no depende solo de uno como sujeto disponible, sino de un cuerpo de compañeros que te proyectan y te animan a formar parte de una misión que tiene historia y confiamos plenamente, al igual que otras obras de la Compañía de Jesús, es un regalo que nuestro buen Dios nos invita a vivir. Es por esto que vivir la misión en el Colegio San Francisco Javier de Puerto Montt, un colegio de la Compañía de Jesús que está ubicado en las latitudes más australes de la Compañía de Jesús y con paisajes privilegiados que hacen propicio un deseo de permanecer en esta zona. En este lugar, en este colegio y como sacerdote jesuita he sido enviado para acompañar la formación de otros… y en esto se me permite caer en la cuenta que también yo crezco en mi formación como persona, como jesuita, como sujeto invitado y deseoso de hacer el bien.

 

Desde aquí, mi trabajo cotidiano se centra en acompañar. Acompañar historias reales y cotidianas, de personas reales y cotidianas que trae cada día una experiencia nueva. Es con los alumnos del tercer ciclo, es decir, los que van de 7° básico a IV° medio, prontos ya a salir a continuar su vida y sus estudios superiores en la mayoría de los casos. Son jóvenes que viven llenos de estímulos y exigencias sociales que muchas veces agobian con el “deber ser” y dejan poco margen a la humanidad. Desde acá se les anima no solo en la formación académica, sino también en la formación integral como personas dispuestas a enfrentar el mundo con las que creemos, son las mejores herramientas para reconocerse sujetos íntegros que entran a nuestros colegios para aprender y salen para servir al mundo que los desafía constantemente.

Toca servir todo el proceso formativo de los alumnos, desde las caminatas por los bellos bosques del sur del mundo, en donde contemplamos las estrellas y las bondades de la naturaleza. Los Encuentro con Cristo que cada curso tiene como lugar formativo para crecer en la confianza y la lucidez consigo mismo y en relación con otros, misas y ejercicios espirituales que se ofrecen para los alumnos, etc. En todo esto también se desarrolla una de las innovaciones que se han implementado en el Colegio, esta consiste en que todos los viernes, antes de terminar la jornada escolar, se les invita a todos los alumnos a romper con el esquema cotidiano y disponerse para recoger la semana con la Pausa Ignaciana. Cuando faltan 30 minutos para terminar la jornada, el colegio se silencia y todos entran en modo Pausa. Es un tiempo privilegiado para que todos los alumnos, acompañados de sus profesores jefes, recojan la semana y puedan reconocer el paso de Dios en sus vidas. En esto se suman todos: aquellos que tienen una relación estrecha con el Dios de Jesucristo y también aquellos que no tienen muy acabada la figura religiosa o la relación con Dios. Todos tenemos un motivo para dar gracias, pedir perdón y pedir ayuda para mejorar.

En este colegio todos tenemos un momento para mirar de qué manera se nos desafía también desde el espíritu para salir de nosotros mismos y atrevernos a caminar con otros en esta vida. Queremos sentirnos desafiados a formarnos en un contexto en donde el mundo pareciera ser que corre a pasos agigantados. Queremos responder a las búsquedas personales y comunitarias que den respuestas reales y concretas al mundo de hoy. Queremos formar personas conscientes de sí y dispuestas a mejorar, crecer y salir de las propias fronteras para encontrarse con su propio evangelio, con su propia buena noticia y dar sentido a la vida de muchos… dar sentido a la vida de los demás… desde aquí… en el fin del mundo seguimos buscando… “I Still Haven’t found what I’m looking for” con la certeza que en estas búsquedas no estamos solos. Hay alguien mayor que nos marca el camino y nos indica las posibilidades de la vida que nos queremos vivir.