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By P. Sergio Montes Rondón SJ
Aug 20th, 2018

Ha transcurrido un mes desde que el P. Arturo Sosa, SJ, Superior General de la Compañía de Jesús, visitara la provincia de Bolivia. En cortos 5 días vivió una agenda muy apretada de encuentros, reuniones y visitas, en contacto con la diversidad natural, cultural y poblacional del país, así como con la diversidad de obras al servicio de la sociedad que tiene la Compañía de Jesús.

El primer encuentro temático lo tuvo con los comunicadores y periodistas de los medios de comunicación jesuíticos (IRFA-Radio Santa Cruz, Aclo, Radio Fides y la Agencia de Noticias Fides) y otros vinculados a la Iglesia. Insistió en que es la comunicación la que mantiene el Cuerpo de la Compañía y que es constitutiva del mismo, no es posible que ésta exista ni perviva sin una comunicación continua y de calidad, señalaba con determinación

Ser un cuerpo apostólico universal en intensa comunicación es, por tanto, una dimensión indispensable de nuestro modo de proceder. La comunicación está, por así decir, en el mismo ADN de la Compañía”; además apuntó que los Medios de Comunicación deben ser capaces de comunicar la Buena Noticia del Evangelio “Si ésa es nuestra misión, tenemos que tomarnos en serio los medios de comunicación. Tenemos que participar en el discurso público, si queremos anunciar la alegría del evangelio a todas las personas”.

Junto al desafío de la comunicación está el acompañamiento a los jóvenes para que elijan sus caminos en la vida, insistiendo en la libertad desde la que se debe actuar. Enfatizaba que nadie puede elegir por otro, sino que cada uno debe aprender a tomar sus decisiones y lo que la Compañía de Jesús puede ofrecer es “poner las condiciones para que se den esos tres pasos: “CONOCER” y reconocer la realidad;  INTERPRETAR, que no es fácil, o sea, interpretar en nuestra realidad,  en nuestro mundo, en nuestro interior, en las relaciones con los demás. Y lo fundamental, ELEGIR”. Ese fue uno de los mensaje a los más de 60 jóvenes de todo el país reunidos en la ciudad de Santa Cruz y concluyendo el encuentro de 3 días que tenía como tema el Sínodo para los jóvenes a realizarse a fines de este año.

Luego de estos dos momentos de encuentro el Padre General partió rumbo a San Ignacio de Mojos (Beni), para compartir con líderes y dirigentes de pueblos indígenas de tierra bajas. El 15 y 16 de julio compartió con ellos celebraciones y reuniones, fue conociendo algo de la riqueza cultural y espiritual de estos pueblos y fue la primera vez que un Superior General de la Compañía visita una de las que fueron las famosas reducciones jesuíticas en la colonia y que hasta el día de hoy conserva varios de los elementos religiosos encarnados en la vida, creencias y costumbres de los lugareños.

Esa fue una experiencia “conmovedora” para el P. Sosa, tal como él mismo manifestó. Quedó admirado de los testimonios de los indígenas así como de su diversidad y riqueza lingüística, instando a mantener ese patrimonio. Dijo con sencillez:

estoy muy contento de haber venido. Muy feliz por este encuentro y por la celebración que hemos tenido. Soy consciente de que aquí hay una tradición muy fuerte y larga. Ojalá que podamos juntos sembrarla de tal manera que sus frutos nunca se acaben”.

Y esa “conmoción” del Padre Arturo tiene que ver con experimentar las vivencias culturales expresadas de múltiples maneras, pero también con las luchas y reivindicaciones que actualmente siguen enfrentando, especialmente en la defensa de sus territorios, hábitat natural y derechos colectivos. Se podría decir que este encuentro fortaleció el espíritu de los indígenas así como el del Padre General, en el común empeño de hacer oír su voz desde el sínodo sobre la Amazonía, convocado por el Papa Francisco para finales del 2019.

Siguieron dos encuentros importantes: uno con colaboradores y colaboradoras en la misión y otro sobre educación. Como en casi todos los espacios de compartir, el Padre Arturo planteó la importancia que tiene para la misión y la vida el discernimiento en común, que debe caracterizar el modo de proceder de la Compañía, que colabora en misión de Dios con religiosos (as), laicos y laicas, incluso con personas no cristianas o no religiosas, pero que contribuyen a la humanización de nuestra humanidad y mundo. Por ello el discernimiento en común, el trabajo en red, la planificación apostólica y la colaboración fueron ejes del mensaje del P. General en su visita.

Y en su visión planteó varios desafíos que son en realidad oportunidades para seguir colaborando en la misión de Dios: el fenómeno de la secularización como signo de los tiempos para volver al primer anuncio y para darnos cuenta de dónde y cómo proponer hoy lo fundamental del mensaje del Evangelio, desde esa lógica del primer anuncio y sin el lastre que con los siglos que ha ido sumando y puede opacar el mensaje central; por otro lado, el desafío del apostolado intelectual y la necesidad de atender a la realidad con profundidad intelectual y en el espíritu del MAGIS ignaciano.

Es así que en el encuentro sobre la educación jesuita hoy planteó con fuerza que

para ejercer el apostolado como intelectual significa comprenderlo como un apostolado llevado por personas que reflexionan seriamente sobre lo que están haciendo, que profundizan en el conocimeinto de su realidad inmediata, que se preocupan en comprenderla, quizá con el auxilio de los resultados de la investigación en diversas áreas y que, finalmente, sean capaces de elaborar una palabra con densidad, sentido sobre esa realidad y que realmente pueda incidir en la transformación de la realidad”.

A lo dicho añadió “desde ese llamado a que nuestro apostolado sea un apostolado intelectual, comprendido como una vida vivida en profundidad se comprende la dimensión socio política de la labor desarrollada por las instituciones educativas bajo la responsabilidad de la Compañía de Jesús, esa labor se debe comprender siempre como un servicio  a la sociedad”, un servicio a la humanidad lejos de lógicas de mercado (que impactan también en el sector educativo).

La insistencia a la responsabilidad, seriedad, compromiso y profundidad de la labor educativa, como apostolado intelectual para transformar efectivamente la realidad fue una constante en el discurso frente a cientos de docentes de colegios, centros educativos y universidades. Y a ello debe acompañar la incidencia en políticas públicas desde la educación que toquen otros sectores de la realidad social.

Grandes desafíos pero con un trasfondo de futuro y esperanza que pueden guiar los esfuerzos del día a día. La esperanza de un mundo mejor posible que se forja desde la conciencia crítica sobre la realidad y sus múltiples dimensiones junto a las prácticas de cercanía con los pobres y vulnerables de la historia.

El escueto resumen de algunas de las líneas trazadas por el P. Arturo Sosa,SJ son nada más que una invitación para profundizar en las que aparecen en los documentos de la Congrecación General 36 y que nos tienen que animar a rescatar lo mejor de la tradición ignaciana a la vez que impulsar a la innovación decidida que permita acompañar los rápidos y continuos cambios que se experimentan en la sociedad.

Desde el discernimiento personal y en común es posible que, como colaboradores de la misión de Dios, podamos dar respuestas maduras y de calidad a las diversas realidades con las que nos relacionamos día a día. Es posible generar nuevas oportunidades en medio de situaciones de mucha complejidad y hasta desoladoras, pero la espiritualidad ignaciana nos permite ver esas realidades con otras miradas, capaces de descubrir la acción de Dios en todas las cosas.