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By Antonio Narváez
Jun 28th, 2018

Educar será siempre una pasión y más aún cuando se reflexiona sobre esta acción que transforma vidas. Las instituciones educativas de los jesuitas se han preocupado por trascender los límites del enseñar y el aprender; no es infrecuente el estudio, la reflexión, el examen que lleva a mejorar continuamente el hecho educativo, siendo los principales beneficiados los cientos de miles de niños, niñas, hombres y mujeres en todo el planeta que pasan sus vidas educándose y compartiendo sus saberes en las obras educativas de la Compañía de Jesús.

En la presente reflexión, nos centraremos en dos estilos, por decirlo así, con que la Compañía de Jesús afronta el desafío de educar: el primero encarnado en los colegios de la Compañía de Jesús y el segundo simbolizado por Fe y Alegría; más particularmente nos planteamos la cuestión de cómo relacionar estos dos modos de educar; el hilo conductor será un recorrido histórico por algunos hechos significativos que los han precedido. Será necesario ir más allá de lo evidente: actores educativos, metodologías, ubicaciones geográficas… pues donde parece haber coincidencias, surgen diferencias y más preguntas que respuestas. Consideraremos dos tensiones mediante las cuales abordaremos los factores que identifican a cada uno de los estilos educativos: Paradigma Pedagógico Ignaciano (PPI) – Educación Popular y Fe – Espiritualidad.

Paradigma Pedagógico Ignaciano – Educación Popular

Al ingresar en cualquier colegio de la Compañía, nos recibe un magnífico IHS, como suspendido en tres clavos y enmarcado en unos rayos semejantes a los del Sol. IHS es el monograma del nombre de Jesús elegido por San Ignacio de Loyola y que identifica a las obras de la Compañía; los tres clavos representan los votos de los jesuitas y el conjunto evoca a Jesús, luz del mundo (Evangelio de Juan 8,12); con la misma prontitud, al adentrarnos en el modo de educar del colegio nos encontramos con el PPI: Paradigma Pedagógico Ignaciano.

Al llegar a una escuela de Fe y Alegría, además de la algarabía de los niños y niñas, uno se encuentra con el gran corazón de un rojo palpitante en cuyo interior van tres niños tomados de la mano. El corazón rojo es símbolo por excelencia del amor, los tres niños -en realidad una niña y dos niños- que van a la escuela, a su hogar o a nuestras vidas dan la idea de estar en camino, en movimiento. Inmediatamente el nombre: Fe y Alegría. Movimiento de Educación Popular Integral y de Promoción Social.

En el primer caso, nos remitimos a la experiencia educativa de la Compañía de Jesús fundada por Ignacio de Loyola y sus compañeros en 1534. Aunque la creación de colegios no estaba originalmente en sus planes, sin embargo, muchos se fundaron a medida que la Compañía se expandía por el mundo. En el caso de Fe y Alegría, creada por el padre José María Vélaz, S.J. (1910-1985) en Catia, un barrio marginal de Caracas (1955), en poco más de 60 años de vida, se ha extendido por América, Europa y África, atendiendo con todos los niveles y una variada oferta educativa a las personas menos favorecidas, en situaciones de exclusión y vulnerabilidad.

Dejando de lado los grandes aportes de la Compañía de Jesús a la Iglesia y al mundo, fijamos la mirada en sus colegios recién fundados y pronto caemos en cuenta que no son conducidos de cualquier manera, pues desde los inicios, la Compañía siempre se ha preocupado de proporcionar directrices y recomendaciones que ayudan a mejorar continuamente su propuesta educativa. Antes de concluir el siglo XVI, luego de algunas versiones, ha desarrollado la Ratio Studiorum, que en palabras actuales llamaríamos un plan de estudios para guiar integralmente el quehacer de una institución educativa. La Ratio procura establecer un proceso enseñanza y aprendizaje eficaz; son conocidas algunas técnicas como la prelección, los ejercicios, la repetición. Establece recursos para las diferentes disciplinas, incentiva el trabajo grupal, la argumentación, el debate; promueve las artes liberales y las bibliotecas, algo novedoso en aquellas épocas. Sorpresivamente, el avance educativo de la Compañía de Jesús se trunca al ser suprimida en 1773 por el papa Clemente XIV; luego de su restauración en 1814, la Compañía propuso una versión experimental de la Ratio Studiorum (1832) que no fue aprobada definitivamente. Sin duda, la Ratio Studiorum constituye un aporte significativo en la historia de la educación (Dilthey, 1968, p. 169), implementándose, con algunas adaptaciones, en los colegios jesuitas de América Latina (Uzcátegui, 1975, p. 302). Representa una visión educativa común para lo que hoy llamaríamos una red educativa mundial, sin duda la primera en la historia de la educación. Una excelente traducción de la Ratio Studiorum se encuentra en el Centro Virtual de Pedagogía Ignaciana (www.pedagogiaignaciana.com).

Otra gran sistematización que orientó a las instituciones educativas de la Compañía fueron las Características de la Educación de la Compañía de Jesús, la cual conoció su versión definitiva en 1986. Este documento recoge la rica experiencia educativa de la Compañía, toma en cuenta el contexto, así como las nuevas corrientes educativas, y desde la experiencia pedagógica de los Ejercicios Espirituales, establece orientaciones que guiarían los colegios y escuelas de la Orden. Propone una visión humanista del hecho educativo, el compromiso con la justicia, la opción por los pobres, el magis; son notorias las referencias a los Ejercicios Espirituales e inclusive a las Constituciones de la Compañía en lo que corresponde a la educación. Destaca la orientación de todo quien se educa en un colegio jesuita: llegar a ser hombres y mujeres para los demás, frase acuñada por el Padre Arrupe, general de la Compañía entre 1965 y 1983. La vida de las Características fue relativamente corta, pues en 1993 el padre Kolvenbach, Superior General de la Compañía de Jesús, publica Pedagogía Ignaciana. Un Planteamiento Práctico, donde se desarrolla de manera práctica un modelo que recoge las características de la educación de la Compañía de Jesús: el  Paradigma Pedagógico Ignaciano, vigente en la actualidad.

Al hablar de paradigma, nos remitimos a las Estructuras de las Revoluciones Científicas de Tomas Khun (1962), y nos ubicamos en el campo de los modelos epistemológicos, que nos permiten abordar una determinada realidad, comprenderla, interactuar con ella, esperar un determinado resultado; cuando los modelos ya no responden adecuadamente pueden ser modificados. Al ser pedagógico, el paradigma es un modo de comprender el hecho educativo tanto en su conjunto como sus particularidades, en los pequeños trazos y en el diseño total; en términos matemáticos diríamos que es un diseño fractal (Binimelis, (2012) que se orienta al desarrollo integral del ser humano y de la misma sociedad. Sus fases son bien conocidas: contexto, experiencia, reflexión, acción, evaluación; como todo paradigma, ofrece una visión del mundo que permite comprenderlo y actuar en él, convirtiéndose inclusive, en una filosofía de vida. En cuanto ignaciano, el paradigma pedagógico proporciona una visión particular del mundo, con un lenguaje propio originado en la experiencia única de los Ejercicios Espirituales de Ignacio de Loyola (Barthes, 1971), donde cada uno se va convirtiendo en coautor de su historia y de la Historia. Parte de un Principio y Fundamento, contempla su propia vida y la vida de Cristo en una perspectiva trinitaria, se compromete con Él para transformar el mundo luego de él mismo haber sido transformado. La vivencia de los Ejercicios, ofrece una comprensión única de prácticamente todas las iniciativas de la Compañía de Jesús, mucho más del Paradigma Pedagógico Ignaciano.

Al referirnos a la Educación Popular, nos ubicamos en un escenario completamente distinto, el cual no puede simplemente identificarse con educación para los pobres; significando de paso que no toda educación para los pobres es educación popular. Conforme el Ideario Internacional de Fe y Alegría (1985), la Educación Popular es un proceso histórico y social que, desde la inserción real en el medio popular promueve a las personas y comunidades para que se empoderen de su vida y se constituyan en sujetos de su historia. La Educación Popular se enraíza en varios procesos latinoamericanos de lucha por los derechos y la liberación de toda forma de opresión. Una gran referencia es la propuesta educativa de Paulo Freire en gran parte reflejada en su producción bibliográfica: desde Educación y Realidad Brasileña (1959) hasta Pedagogía de la indignación, tema que lo estaba trabajando el año de su fallecimiento (1997), alrededor de cuarenta años de involucramiento cercano al pueblo empobrecido y sin alfabetización de América Latina. Su aporte a la educación popular es indiscutible: La educación popular (1982), La cultura popular (1983), En la escuela hacemos: una reflexión interdisciplinaria sobre educación popular (1988), Lo que debe hacer: teoría y practica de la educación popular (1989). Su pensamiento casi siempre esclarece algún aspecto de la educación popular; en este sentido son icónicas obras como Educación como práctica de la libertad (1967), Pedagogía del Oprimido (1970), Pedagogía de la esperanza (1992), por citar unos poquísimos ejemplos.

Otra referencia muy inspiradora de la educación popular en Fe y Alegría se encuentra en las corrientes liberadoras de la iglesia de América Latina. Con gran acierto, la Segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (CELAM) realizada en Medellín (1968), trazó la ruta para la iglesia latinoamericana: la opción por los pobres, para quienes una educación liberadora es el medio para que se conviertan en sujetos de su propio desarrollo. Más tarde, en Puebla (1979), tuvo lugar la tercera conferencia del CELAM que incorpora la opción por los jóvenes y ratifica la opción por los pobres, además del ver, juzgar, actuar como método encarnado en las comunidades eclesiales que siguen a un Jesús liberador y cercano. Es en este sentido que Fe y Alegría afirma que nace y se impulsa en la vivencia de la Fe Cristiana y reacciona ante las situaciones de injusticia, complementando su labor con una Pedagogía Evangelizadora, es decir, transmitiendo la Buena Notica del Reino de Cristo, haciendo patente el Evangelio en todo el quehacer e instancias educativas (Ideario Internacional de Fe y Alegría, 1985).

Un factor de la educación popular de Fe y Alegría es el desarrollo impulsado por el propio Movimiento, tomando en cuenta las experiencias educativas, reflexionándolas, compartiéndolas, resignificándolas, dialogándolas con otras organizaciones e instancias que promueven los derechos y luchan contra las injusticias que excluyen y empobrecen. En este sentido, los congresos internacionales de la Federación Internacional de Fe y Alegría que se realizan anualmente, desde 1984, son hitos que dan una idea de los aspectos de la educación popular que se acentúan, clarifican, definen… Además, desde el año 2000, la Federación Internacional ha establecido 3 planes estratégicos quinquenales, mediante los cuales se han propuesto programas internacionales que impulsan del quehacer educativo de las Fe y Alegría en los diferentes países. Las grandes líneas casi siempre han sido la pedagogía de la educación popular, la calidad educativa, la inclusión, la pastoral, la acción pública, la educación para el trabajo, el desarrollo institucional, las tecnologías de la información, etc. Desde el año 2016, la Federación Internacional dio un nuevo enfoque a la planificación y gestión estratégica con el Plan de Prioridades Federativas 2016 – 2020, el cual a partir de retos inspiradores establece una prioridad misional “La transformación, personal y social, es nuestro horizonte” y cuatro ejes prioritarios: la educación popular, las fronteras de la exclusión, la sostenibilidad y la acción pública (Plan de Prioridades Federativas, 2015).  

Fe – Espiritualidad

Si bien tanto en los colegios de la Compañía como en Fe y Alegría se promueve la espiritualidad ignaciana, el matiz es diferente. En los primeros, va acompañada de una promoción y fortalecimiento de la fe cristiana, lo cual se puede observar con la propuesta de sacramentos de manera periódica, una catequesis adecuada a la edad y a las circunstancias, acompañamiento espiritual, etc. Ahora bien, desde la Congregación General 32, la fe no puede dejar de entenderse sin la promoción de la justicia y esta manera de entenderla es también transmitida a los estudiantes, a la vez que se la fortalece con experiencias prácticas en misiones, campamentos y retiros. Por su parte, Fe y Alegría más que hablar de la fe, propone una espiritualidad al servicio de la misión (Federación Internacional, 2012) en la cual la vertiente ignaciana es su principal fundamento. La espiritualidad de Fe y Alegría favorece el pluralismo, pues sus colaboradores y colaboradoras muchas veces pertenecen a otras congregaciones religiosas, al clero secular, inclusive a otras denominaciones cristianas; en este avance Fe y Alegría se encuentra también con personas agnósticas, no creyentes y de religiones no cristianas, principalmente en África, donde Fe y Alegría se ha establecido en los últimos años; si esto acontece con los colaboradores y colaboradoras, algo semejante sucede con los estudiantes que optan por la educación en Fe y Alegría que al ser popular, se comprende como inclusiva. Desde el punto de vista curricular, los colegios jesuitas al ser generalmente privados, poseen mayor independencia para organizar los espacios formativos destinados al fortalecimiento de la fe. Los centros de Fe y Alegría, al recibir financiamiento del estado, normalmente se deben sujetar más a normativas que no siempre favorecen espacios para religión o para programas de formación teológica, debiéndolos reinventar frecuentemente.

Tanto la promoción de la fe como la práctica de una espiritualidad transformadora se enfrentan a múltiples desafíos. Cada vez será más difícil encontrarse con creyentes, y si los hubiese, la manera de practicar su fe puede ser asistencialista, naturalizando la inequidad y desvinculándose de cualquier compromiso que cuestione la injusticia social. Por otra parte, la lluvia de espiritualidades, los esoterismos, la Nueva Era relativizan lo trascendente y absolutizan lo relativo, confundiendo al ser humano, llevándolo a dejar las responsabilidades presentes para la próxima vida, o a culpar a las vidas pasadas de los desaciertos actuales.

Junto a los corazones de niños y niñas, hombres y mujeres, empobrecidos y enriquecidos que se educan en los centros educativos de la Compañía de Jesús y en los de Fe y Alegría, surge la pregunta por el referente hacia el cual enrumbarnos con nuestra fe y espiritualidad… emerge la figura de Jesús, hermano, amigo, compañero y confidente de nuestro peregrinar. Ante su rostro nuestras preguntas iniciales se empequeñecen y aparecen sin sentido. Lo escuchamos y nos pide que “quien quisiere venir conmigo, ha de ser contento de comer como yo, y así de beber y vestir…  asimismo ha de trabajar conmigo en el día y vigilar en la noche” (Ejercicios Espirituales, 93), que en palabras de la Congregación General 36 se puede entender como la reconciliación con Dios, del ser humano y con la creación (Decreto 1, 21 y ss.).

Reflexión final

Cualquiera de los espacios educativos donde nos encontremos será incompleto, fragmentario; se correrá el peligro de atender a unos y desatender a otros, de especializarnos en un modo de educar y desconocer otro. Morin diría que pasamos por alto la complejidad en que estamos inmersos, entendiendo lo complejo como lo tejido junto, y que al atender una realidad caemos en la ilusión de atender la totalidad (La mente bien ordenada, 2010); en otras palabras, seamos educadores populares o educadores de un colegio de la Compañía, podemos caer en la ilusión de haber transformado la totalidad, cuando en realidad hemos actuado con una escasa fracción de la humanidad. Salir de la ilusión implica abrirnos a lo diferente, dejar la comodidad de lo conocido y atrevernos a reconocer la novedad del otro (Ricoeur, 2005), y si buscamos algo en común, que sea la continua reconciliación de nuestras tensiones, no el dominio de la una sobre la otra, sino lucha en común por un mundo más inclusivo, humano y justo.

 

Referencias.
Barthes, R. (1997). Sade, Fourier, Loyola. Madrid: Ediciones Cátedra.
Binimelis, M. (2012). Una nueva manera de ver el mundo. La geometría fractal. Rodesa, Villatuerta (Navarra): EDITEC.
Carrasco, L. (Ed.). (2007). Pensamiento de Fe y Alegría. Documento de los Congresos Internacionales. Santo Domingo (República Dominicana): Federación Internacional de Fe y Alegría.
Compañía de Jesús. (s/f). Apostolado Educativo. Documentos Corporativos. Recuperado de:  http://pedagogiaignaciana.com/GetFile.ashx?IdDocumento=131, el 25 de junio de 2018.
Dilthey, W. (1968). Historia de la Pedagogía. Buenos Aires: Editorial Losada, S.A.
Federación Internacional de Fe y Alegría. (2012). Identidad y Espiritualidad al servicio de la misión. Revista Internacional Fe y Alegría, No. 13.
Federación Internacional de Fe y Alegría. (2016). Plan de Prioridades Federativas 2016-2020. Bogotá: Federación Internacional de Fe y Alegría.
Freire, P. Wikipedia. Recuperado de: https://es.wikipedia.org/wiki/Paulo_Freire, el 24 de junio de 2018.
Huarte, E. (1991). Ignacio de Loyola. Autobiografía y Ejercicios Espirituales. Caracas: Ediciones S.A. Educación y Cultura Religiosa.
Morin, E. (2010). La mente bien ordenada. Los desafíos del pensamiento del nuevo milenio. Barcelona: Seix Barral.
Uzcátegui, E. (1975). Historia de la Educación en Hispanoamérica. Quito: Editorial Universitaria.
VVAA. (2016). Horizonte Pedagógico Pastoral. Fe y Alegría Ecuador. Quito: Fe y Alegría Ecuador.