La película “El niño que domó el viento” fue el disparador para preguntarnos ¿qué MÁS podemos hacer? Y de una idea surge un proyecto que nos mueve a la experiencia, a la reflexión y casi por inercia, a la acción. ¿Cuán diferente puede ser la vida de un adolescente en un país del continente africano de la de uno en el barrio Santa Brígida, San Miguel, Buenos Aires ? ¿Cómo podemos usar conocimientos adquiridos en el colegio para conectar con chicos de otras partes del mundo?

Para echar luz a estos interrogantes, convoqué a mis compañeros de viaje, Emiliano Quiroga y Sebastían Alvarez docentes de geografía, quienes no vacilaron en decir “SÍ”. Y así comienza la travesía. Buscamos a docentes en la plataforma de Educate Magis que tuvieran el mismo deseo de “viajar” en pandemia, sin otro vehículo que la virtualidad. Nos encontramos con Rosewinter Mugadza del Colegio Saint Ignatious en Chishawasha, Zimbabwe  y en la primera reunión supimos que formaríamos un gran equipo.

Con el apoyo de nuestros directivos, Sergio Gomez y Miguel Rodriguez, citamos a los alumnos de 1ro, 2do y 3er año para contarles sobre el proyecto. Para esto, armamos flyers, videos informativos, mensajes motivacionales. Buscábamos contagiarlos en entusiasmo y en el deseo de explorar lo desconocido. La asistencia al primer encuentro fue numerosa, lo cual ya representaba un logro en un contexto de cierto desánimo.

Entonces el proyecto se puso en marcha. Los profesores de geografía diseñaron y editaron videos atractivos para contarnos las características culturales, sociológicas y geográficas del grupo de alumnos que conoceríamos. Luego, nuestros alumnos produjeron su propio material para contarle al resto de la comunidad sobre un continente lejano con muchas diferencias pero también muchas coincidencias.

Una vez empapados de la información necesaria, comenzamos a difundir esta idea. Queríamos que los alumnos se sintieran protagonistas, actores esenciales y activos en este proyecto. Contaron la experiencia en la radio de la Parroquia FM Trujui y en un vivo en Instagram mostrando su trabajo. Como docentes, difundimos cada estación hacia el destino entre nuestros colegas y los invitamos a contribuir con fotos del colegio para compartir un poco de lo nuestro.

Llegó el primer encuentro global. Nuestro equipo pedagógico se contactó con los alumnos del colegio St. Ignatious en Zimbabwe. Emiliano Trejo, hoy profesor de inglés, en el pasado uno de mis primeros alumnos en el colegio,  nos ayudó en la interpretación. Con respeto y mucha calidez, los chicos tomaron turnos para preguntarnos sobre nuestro país. Poco conocían al llegar, pero estamos seguros de que se fueron con mucho. Sus docentes nos contaron de su entusiasmo e impaciencia por conocernos y sabíamos que era uno de los tantos puntos que tendríamos en común.

Una semana después fue el turno de nuestros alumnos. Ellos recibirían a nuestras colegas en Zimbabwe. Se habían preparado tanto, la interacción sería en inglés. Ese día entenderían el sentido y la insistencia de quien les habla por aprender este idioma. Cuando lo experimentaron pudieron al fin comprenderlo.

Desde casa y vistiendo sus uniformes abrieron una pequeña ventana al mundo. Atentos, se mantuvieron expectantes para no perderse detalle de lo que nuestras invitadas tenían para compartir. Nada más y nada menos que sus propias vivencias. Reímos, charlamos, preguntamos y repreguntamos. Fue una reunión de mucho aprendizaje pero también de profunda consolación.

Y el trayecto aún no acaba. Nos queda compartir videos de los chicos de ambos países intercambiando con orgullo su propio contexto al mundo. Nos queda reflexionar y discernir sobre todo lo vivido para ponerlo en acción. Sin embargo, ya nos sentimos colmados y simplemente agradecidos por tanto bien recibido.