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By Carol Cuzcano
Aug 25th, 2020

Con verdad se ha dicho de Pedro Arrupe que “tuvo un corazón lo bastante grande como para abrazar al mundo entero” . En ese corazón generoso – justo es decirlo- América Latina ocupó un lugar muy importante. La conoció por primera vez en 1936 con motivo de un viaje de vacaciones hasta México cuando estudiaba en Kansas, y la visitó con frecuencia en búsqueda de ayuda económica en su tiempo de Provincial del Japón. Durante sus años de General se hizo presente en las principales reuniones de los Provinciales y mantuvo un gran interés por conocer de cerca el trabajo de los jesuitas en los diversos países. No faltó a la cita en los grandes momentos eclesiales de Medellín y Puebla. Pero más allá de sus viajes, conversaciones y encuentros, en medio de su inmenso deseo de escuchar las inquietudes y búsquedas de este mundo, Arrupe llevó hasta el final de su vida en su corazón los “clamores y esperanzas” de esta parte del mundo, consciente de que, por ser un continente de raíces cristianas, en él y en aquella hora se dirimían asuntos de crucial importancia para toda la Iglesia y para la Compañía entera.

El amor fue recíproco. Los jesuitas de América Latina han profesado siempre un cariño especial por “Don Pedro”. Muchos tuvieron la oportunidad de conocerle, escucharle y departir con él en sus mismas obras apostólicas y comunidades, sin contar con quienes, sano o enfermo, llegaron a visitarle a Roma. Desde el comienzo de su Generalato sintieron que los grandes problemas con que lidiaban en sus afanes apostólicos encontraban un eco especial en el corazón de aquel hombre, que hablaba su propia lengua y sabía responder desde su indestructible esperanza, como profeta del Evangelio, a las delicadas cuestiones que les preocupaban en su honesto afán por responder a los retos apostólicos. Y es que ambos, los jesuitas de América Latina y su General, desde el Vaticano II compartían un mismo sueño: la pasión por acercar la justicia a la fe en un continente marcado a la vez por la pobreza y la creencia. Si para ellos el deseo de la justicia era tarea apasionada, para Arrupe se convirtió en mística. Era como una búsqueda propia, tal vez algo diferente de la que debían emprender otros jesuitas que vivían en ambientes donde los retos eran la increencia, la abundancia o el diálogo interreligioso. Nada de extraño tiene, por eso, el que hayan sido justamente los jesuitas de América Latina quienes hayan propuesto al resto de la Compañía, en febrero de 2001, la celebración del “Año Arrupe” cuando estaba próximo el décimo aniversario de su muerte .

La relación entre Arrupe y los jesuitas de Centroamérica, constituye sólo un breve pero importante capítulo de esta larga historia. La que al comienzo de su Generalato era sólo una Vice-Provincia pequeña, joven y sin gran peso dentro del mapa general de la Compañía, pronto se convirtió en uno de los casos test de las transformaciones que la Compañía universal vivió en los años de Arrupe. Por la peculiar situación sociopolítica de esta área de América Latina, en la que en esos años confluyeron pobreza, dictadura, lucha armada y persecución contra la Iglesia, Centroamérica fue una de las Provincias latinoamericanas donde tuvieron una incidencia más significativa. las orientaciones del P. Arrupe y el Decreto 4 de la Congregación General 32.

Para leer y descargar el artículo completo por favor sigue este link Arrupe y Centroamérica: historia de una pasión compartida. Por: Jesús M. Sariego S.J.

…”Considero que este redescubrimiento de América Latina se funda en una percepción, por mi parte, de su fe y de su juventud; y de que es una verdadera reserva para la Iglesia por su número, por su unidad basada en una misma fe, por sus pobres que la colocan entre los preferidos de Dios, por su generosidad que la ha llevado a ofrecer mártires por la causa de la justicia. Estos caracteres hacen aparecer el continente latinoamericano con una originalidad llena de esperanza que me parece exigir de la Compañía un esfuerzo singular para conseguir que se conviertan en realidades” … P. Arrupe. Lima, agosto